Los refugios no guardados aparecen en cualquier lugar de la geografía europea o española donde han existido o existen trabajos relacionados con la montaña y sus recursos naturales, o acontecimientos que valoraban su inmejorable ubicación estratégica.
La gran mayoría de las infraestructuras que hoy llamamos refugios no guardados son construcciones del pasado siglo XX relacionadas con las actividades laborales o los acontecimientos que comentábamos anteriormente.
Posteriormente, comienza el uso montañista de los refugios no guardados gracias al auge de los deportes de montaña, que con el tiempo genera una serie de normas habladas, que permiten la convivencia en este tipo de habitáculos, sobre todo cuando coinciden distintos grupos de montañistas y el espacio es limitado.
Esta falta de normas escritas y accesibles al entrar a los refugios, favorecen que su uso no siempre sea el más correcto y estas infraestructuras sin supervisión tiendan a degradarse.
Por esta razón creamos estas primeras normas de convivencia en un refugio no guardado, fácilmente recordables y dirigidas a todos los públicos, desde pequeños a mayores.
Con el objetivo de que el colectivo montañero que utiliza los refugios, lo haga de la forma más correcta posible y estos sigan siendo un recurso de urgencia y de cobijo para las personas que practican deportes de montaña.
La cartelería es accesible y descargable y se ha realizado con la participación de personal responsable de la Federación Aragonesa de Montañismo, así como con la aportación personal de distintas personas que practican deportes de montaña y utilizan estas infraestructuras habitualmente.