Desde VALS – Viaje a la Sostenibilidad realizamos una salida al entorno de Piedrafita, en el Valle de Tena, con el objetivo de conocer sobre el terreno el refugio Peña Telera y reflexionar sobre el papel que cumplen los refugios no guardados en la montaña.
La jornada nos llevó hasta el entorno del Ibón de Piedrafita, en una caminata que nos permitió observar no solo el paisaje, sino también la forma en la que se accede, se utiliza y se conserva un refugio no guardado. Más allá de la ruta, la actividad tenía un propósito claro: entender qué necesita realmente un espacio de estas características para seguir siendo útil, seguro y respetuoso con su entorno.
La visita al refugio nos permitió comprobar de primera mano su sencillez y su valor. Estos lugares no funcionan por la presencia de grandes equipamientos, sino precisamente por lo contrario: por ofrecer lo mínimo necesario en un entorno de montaña. Un espacio de abrigo, descanso y orientación que depende, en gran medida, del comportamiento de quienes lo utilizan.
Durante la jornada también colocamos un cartel de buenas prácticas en la entrada del refugio, recordando la importancia de dejar el espacio mejor de lo que se encuentra, retirar la basura, hacer un uso responsable del fuego y respetar tanto el refugio como el entorno natural. Este pequeño gesto resume una idea fundamental del proyecto: los refugios no guardados solo pueden mantenerse vivos si se entienden como un bien común.
La salida sirvió además para abrir una reflexión interna sobre posibles mejoras futuras. No desde una lógica de transformar el refugio ni de alterar su carácter, sino desde la búsqueda de intervenciones ligeras, coherentes y necesarias: pequeñas acciones de mantenimiento, revisión de elementos básicos y propuestas que puedan ayudar a garantizar un uso seguro y continuado en el tiempo.
La experiencia nos recordó que cuidar un refugio no guardado no significa únicamente repararlo o señalizarlo. También significa conocerlo, comprender su contexto, respetar sus límites y fomentar una cultura compartida de responsabilidad en la montaña.
Porque estos espacios, sencillos y discretos, siguen cumpliendo una función esencial: ofrecer cobijo, conectar caminos y recordarnos que la montaña se disfruta mejor cuando también se cuida.