Hoy nos hemos levantado con esa energía especial de los días en los que sabes que vas a hacer algo diferente. Un café rápido, mochilas al hombro y en marcha. Nos esperaba una caminata hasta el valle de Otal, y la verdad es que el camino no pudo ser más espectacular. El paisaje es de esos que te hacen parar cada dos por tres a hacer fotos porque no te crees lo bonito que es todo. Entre las risas, el aire puro y el entorno, la subida se nos pasó volando.
Cuando por fin llegamos al refugio, pudimos disfrutar de una velada allí, viviendo la experiencia de dormir en el refugio una noche. Al día siguiente, desayunamos y enseguida nos pusimos a pintar con mucha ilusión y ganas, teníamos una misión muy clara en mente: darle una nueva vida a este refugio a base de brocha y pintura para que resultase un poco mas acogedor.
Nos dividimos las tareas, pusimos algo de música de fondo y nos manchamos las manos y la ropa durante el trabajo. Hubo momentos súper divertidos, bromas con los rodillos y, sobre todo, un ambientazo increíble. Ver cómo iba cambiando el refugio con cada pasada de pintura fue súper satisfactorio y gratificante, porque veíamos como las próximas personas que durmiesen allí podrían disfrutar de un refugio en mejores condiciones.
Al final del día, mirar el resultado y saber que hemos puesto nuestro granito de arena para cuidar un rincón tan especial no tiene precio. Ha sido un día de diez que incluyó de todo: caminata, risas, trabajo en equipo y una desconexión total en la naturaleza.
Muchas gracias a la Mancomunidad del Valle de Broto y a Refugios no guardados por la oportunidad de realizar esta actividad de servicio.